
LA ESPERA
I
Dios
me presagia un viaje pleno
mientras su lengua de viento apaga la luz
II
Y era el tiempo único de la luz
y de la carne y el hueso real
El tiempo loco
de las locomotoras a carbón
Nunca como entonces respiré
el silencio, y me escuché el oído
No sé si amé mucho y me amaron
pero había magia y una manera
distinta de ver las cosas
y el rostro propio
y el sol, el sol, el sol
Viajé igual que un águila
por los aromas de la tarde
debajo de las sombras
encima de la espuma
sobre las montañas
y entre las cenizas
Nunca como entonces se gastaron
tanto mis zapatos
Era la incesante sincronía
del verso y la música
el santo y seña de un ciruelo en flor
Y todo pasó igual que un bostezo tras las cortinas
Hoy sólo queda ese humo pegajoso
adherido a esta vieja hoja de papel
mientras escribo la última carta
y mientras espero
el último
tren
III
Y mis ojos
siguen en vigilia
se mueven al ritmo de los pasos
en esta estación
que me duele y
que nadie nota
ni los
pasajeros
que aguardan el mismo tren
IV
Y no veo sino a mi padre
que tranquilo
paso a paso, viene hacia mí
cuando el expreso llega
de improviso
por la fina puerta
de este álbum familiar
V
Y en esta vereda azul
no será el aroma
del viajero, no será el viento
ni las piedras, no será un pañuelo
blanco ni la mano ni la flecha del rebelde
ni un beso juntos
que avance y me atrape
el encuentro
no, no
será la hija que no tuve
y para entonces
otro será el pasajero
otro el
caminante urbano
otro el poeta
que irremediablemente llegue
a libertar el tiempo
y a regar las cenizas
de los unos y los otros.
PASAJERA DEL TIEMPO
1
Mucho antes.
Antes que el dolor de la Madre multiplicara el grito
me he tendido bajo un rosal viejo.
El amanecer aún riñe con la oscuridad
y es apenas un fantasma en los cristales de mis anteojos.
Parece una medusa o quizás un águila
que sale del osario
cuando hundo las mejillas en el sótano de mi propia ausencia
y no puedo ver más allá.
2
El futuro es una palabra desmenuzada hasta el hueso, como un cuadro de Picasso.
Y mis ojos, doblemente centuriones, son pasajeros del tiempo.
Todas las soledades del mundo se fundan tras la palma del cielo opaco
pero no deja de ser el arco iris quien alienta al candelero
mientras yo vuelvo al punto de partida.
3
Desde el exilio. Aquí y acá.
Cuanto existe en mí todavía permanece en el letargo
cada gesto
cada mirada
cada palabra se sostiene minúscula, quieta, como una fotografía.
El tiempo lo empuja alguien, y no es mi hermano amoroso
que hace girar el minutero
ni siquiera una pieza rota que engrana mi silencio
sino el lazarillo de dios que sonríe en el límite de lo absurdo
aunque a esa hora y otra y otra yo habré tomado su lugar.
4
Vengo de otra historia. Se arruga
enmarañada en el espiral del tiempo, casi
inmóvil, entre hora y hora, impalpable.
Tal vez una luna distraída olvidó mi nombre.
Soy, al parecer, el envoltorio de mi propia identidad.
Esa maldita dureza todavía mana
sin misericordia.
Los días inútiles y equívocos se quedan en todos los sueños. Han eclipsado
mi palabra y el uso de los labios. Eso es todo, sencillamente, porque
más allá de esta casa de piedra alguien ya lo sabe.
5
Sé. No he tenido ocasión
de hablar conmigo, como lo habría hecho una anciana
ante los primeros rayos del sol naciente. Con franqueza
pensé
si no sabes como te llamas no importa donde estás. Y allí
anduve.
Voy. Estoy adentro. Soy un aprendiz,
pensándolo mejor
el resto de osadía para el nuevo milenio. Y so pretexto,
la ceremonia, comienzan a caer las hojas secas del rosal.
EL ESTIGMA DEL SOL
Más allá de las sombras y el vuelo de los insectos
del ojo del huracán y el soplo de la flauta
Más allá de las mandrágoras
y los tamarugos
Más allá de la huella del huemul
del ser y lo imposible
Más allá de la contrapuerta
de la muela del juicio
y el cuerno
y la bóveda hemisférica
y el cubil de la víbora
Más allá de las cavernas a lo largo del crepúsculo
y la resonancia
Más allá de la cresta del gallo
de todos los días
y los frutos de estación
Más allá del océano y el paisaje de arena
Más allá de lo complejo
y el cálculo y el ingenio y loa metafísica
y la lengua muerta
Más allá
allá lejos lejos
de los profundos olores del pasto
cerca del lugar que finalmente
me habitará
escribo un poema como éste
mientras yazgo de espaldas bajo el sol.
NO IMPORTA DONDE YO ESTÉ
Dios sabe que soy apenas un vestigio
de ese siglo agonizante
una sábana pasada de moda
una costilla que no me pertenece
y que nadie reclama
la debilidad del espíritu
e inconfesa
en el amor.
Soy un envoltorio de barro
en medio de la muchedumbre
sin dientes ni mandíbula
respirando un sonido de jaula
en el muro de un ascensor.
Sin embargo
sé que él no vendrá en este otoño
ni un minuto antes
que el postrero sol bese
los maderos
del rosal.
ES ALGO DESNUDO
Fue un domingo descreído
que apareció allende al viejo seto de ciprés
alzándose entre los geranios
hizo estallar la euforia de mis tulipas
como una bandada de pájaros
se llenó de luz la fuente
de mi patio
y me purifiqué en ella bienaventurada.
Descubrí en mí
un corazón distinto una
oreja un ojo una nariz otra vida
bajo el impulso de ese primer tacto
mientras un sol sin fin
cicatriza las costras de mi carne
sin embargo hay otras heridas
que
no
quiero
negociar
todavía.